miércoles, junio 10, 2015

Liberalismo y 1910

Aclaraciones para @cmlocascio.

Liberalismo

Los liberales creemos en la República estructurada en los tres poderes convenientemente equilibrados.

Los liberales creemos en el Estado que se ocupa de proveer salud y educación a toda la población y en particular a las franjas mas humildes, sin perjuicio que el sector privado haga su aporte en lesos rubros.

Los liberales creemos en el Estado en su función de sostén del sistema de justicia. Y en las regls de juego claras y equitativas.

Los liberales creemos en el Estado como monopolizador de la fuerza y en su carácter de proveedor de bienes públicos como seguridad y defensa.

Los liberales creemos en un Estado que interviene en la Economía en forma orientativa y sutil y solos e reserva roles activos cuando el interés social lo obliga a cubrir actividades no rentables (telefonía en lugares remotos, aerolíneas para lugares de baja densidad, por ejemplo) para el sector privado o cuando su rol regulador puede ser ejercido mejor con una intervención activa (por ejemplo, energía).

Los liberales creemos en un Estado no sobredimensionado y eficiente y en una administración meritocrática del mismo.

1910

En 1910 nuestra economía era floreciente, como consecuencia de la progresiva organización nacional, que se fue dando luego de grandes y feroces luchas internas y externas, con el establecimiento de la Constitución Nacional de 1853-60, con la federalización de Buenos Aires, con la política de "paz y administración" a partir de 1880 o aun algo antes. Los cambios tecnológicos en el transporte de ultramar por barco y el ferrocarril en el continente, provocaron el gran desarrollo de la agricultura y la ganadería, con precios crecientes de estos productos en forma extraordinaria y con volúmenes cada vez mayores.

La Argentina era el país de mayores expectativas en el mundo y el 6to por ingreso per capita en 1910. El nivel del PBI llegaba en ese año a 4000 dólares de 1990 por persona, el doble del que gozaban los pobladores de España (2000 dólares de 1990 per capita) e Italia (2500 dólares de 1990 per capita). Como en la Argentina los inmigrantes obtenían mucho más ingreso que en sus países de origen, ellos vinieron aquí en grandes cantidades y, aun así, con ese aumento de población tan fuerte, el ingreso per capita se cuadruplicó desde 1810 a 1910.

Nuestro país seguía los mejores ejemplos en diversos aspectos de la vida nacional: en economía el mejor funcionamiento era el modelo inglés, de libertad de mercados, que se adoptó. En cultura se consideró el mejor modelo el francés, que trato de emularse con bastante éxito. En educación, se siguió el mejor antecedente de aquel momento, que era el americano: se trajeron muchas maestras de ese origen para acelerar los cambios y llegar a un nivel educativo elevado, lo que también atrajo al inmigrante, dado que la educación en Europa era cara y aquí, muy buena y gratuita.

Por eso, en un diccionario español de 1919 se puede leer "que Argentina es un país de alto crecimiento, destinado a rivalizar con los mas adelantados del mundo especialmente con EE UU, el gran país del norte". En 1918 en la bolsa de Nueva York (NYSE) se cotizaban nuestros bonos soberanos "Argentine Government 6% Gold Tresury Bonds" con calificación de Moody´s "A", igual que los "Switzerland 5% Gold Notes" también con calificación "A", ambos "grado de inversión".

Por supuesto no todo eran rosas y había -a la luz de nuestros valores del siglo XXI- un marcado grado de injusticia social y la democracia era limitada y escasamente participativa, cosa que empezaría a cambiar con la promulgación de la Ley Saenz Peña.

Cuando uno habla de ese paradigma no implica defender el trabajo precario o la arbitrariedad policial de la época, sino valorar que Argentina era "algo" en el contexto de las naciones, que el nivel de bienes públicos que ofrecía a su población de entonces era la envidia de países mas civilizados y que prometía un gran futuro tanto a sus habitantes como a quienes deseaban aquí radicarse.

Hemos perdido muchas de esas cosas en aras de quimeras, de ansias de repartirnos los huevos de oro  matando la gallina antes de tiempo, cediendo casi todos sus gobiernos militares, radicales, peronistas a la tentación del populismo irresponsable y al pan y circo hasta que se acabe.

Pero no son los úncos culpables. Aquellos que se aferraron a las concepciones que iban pasando de moda, que no supieron adaptarse a tiempos nuevos de mayores demandas sociales y administrarlas sabiamente, son también bastante reponsables, pues con su tozudez dieron lugar a la agitación y radicalización social.

Para que se entienda, uno no añora estar en 1910, añora ese futuro que se insinuaba en ese año que íbamos a ser capaces de alcanzar ahora y del cual nos apartamos por hacer la fácil.

Quien quiera discutir estos postulados, que lo haga, pero por favor sin anacronismos, sin chicanas y sin centrarse en la letra chica ni la ortografía de estas modestas ideas básicas.

2 comentarios:

Rinconete dijo...

Amigo Observador

Creo que efectivamente hubo muchos aciertos entre 1880 y 1910. Como fanático del tema por supuesto destaco la ley 1420 que usted menciona pero también los hubo en economía y planificación. Se suele criticar a la generación del ´80 por "europeísta" o algo así cayendo en la crítica anacrónica que usted señala. En aquel tiempo no existían muchos otros modelos posibles, esa era la civilización, con sus matices por supuesto e incluso con sus expresiones extremas.

Como ya lo hemos conversado otras veces, hubiera preferido "un país de farmers", como el que soñaba Sarmiento en lugar de la gran estancia dividida entre los Anchorena los Alzaga Unzué y cuatro amigos más que nos legó Roca. Usted me dirá que sin quien repartió esas tierras entre cuatro amigos hoy la Argentina terminaría en Tandil y el resto sería Chile. Nunca lo sabremos, pero el sueño de los farmers no me parece tan imposible como para no lamentarlo.

En lo que no acuerdo es en la idea que relaciona valor de una determinada mercancía en un determinado momento y riqueza o prosperidad de una nación. La Argentina estaba sentada arriba de algo que tenía mucho valor, como lo estuvo Brasil con el caucho o Costa de Marfil con el cacao. No por eso tenía un destino de gloria. Manaos o Belem decayeron apenas se frenó la fiebre del caucho natural, y sin embargo los visitantes de fines del siglo XIX nos hablan de ciudades de ensueño con palacios europeas, ópera italiana y un futuro necesariamente venturoso.

Creo que el gran fracaso de esa generación exitosa fue no lograr incluir a las mayorías. Un fracaso paradójico para quienes incluso se llevaron puesta a la Iglesia para llevar adelante su proyecto de educación popular. Llegaron hasta el sufragio universal y luego se asustaron. De ahí Uriburu y casi un siglo de inestabilidad política.

Sin la inclusión de las mayorías, sin una política a favor de la equidad, no hay país rico ni próspero. Puede haber grupos ricos y prósperos, pero no estados ricos y prósperos.

Por eso prefiero la Argentina del bicentenario. A la alcurnia de la sangre preferimos la de la plata (Macri, por ejemplo, es un poderoso más, no se le cierran puertas por ser nieto de un rotoso y no de un Anchorena). Aceptamos el libre juego de las elecciones, pese a que ganen impresentables populistas, aceptamos pagar impuestos e incluso la extraña idea de que alguien reciba plata pública sin hacer nada (ya llegará el día que nos parezca normal que alguien gane un sueldo sin hacer nada, como hoy discuten los suizos). Los sindicalistas ya no son fusilados y a lo sumo temen por sus coronarias. Las mansiones de nuestra oligarquía hoy son embajadas, dependencias públicas o museos y disponemos como ciudadanos de muchos más derechos, civiles y laborales, desde el voto realmente universal, hasta el divorcio, el matrimonio gay, las vacaciones pagas, el aguinaldo o un sistema educativo (incluyendo la universidad) que, pese a su crisis constante, sigue siendo una gran fábrica de clase media.

En eso me parece que somos un país más próspero que hace 100 años, cuando estábamos sentados en algo extremadamente valioso.

Un abrazo,
s.

El Observador Comprometido dijo...

No he sido claro. Lo intentaré una vez mas.
La Argentina de hoy es sin duda mejor que la de 1910, porque el mismo estado de la civilizacion y el avance de la imperfecta democracia ha amplido el acceso a bienes materiales y públicos, impensables en 1910.
Si ud. cree que yo quiero volver a 1910 está equivocado. Mis abuelos, adolescentes en esos años, bien que la yugaban como hijos de inmigrantes tanos que eran. Lamentablemente, para mi hedonismo, no pertenezco a ninguna oligarquía vacuna, terrateniente o política.
Pero en 1910 lo que teníamos era un proyecto de país, un cierto orden y un futuro por delante. Un Estado pequeño e imperfecto, pero dotado de las funciones esenciales y cierta idoneidad en su burocracia, que le permitió subsistir casi bastante mas tiempo, aun bajo el populismo imperante.
Lo que frustó ese proyecto -y aqui coincido con ud., aunque no lo crea- no fue la irrupción de una horda de populistas con Irigoyen primero y con Perón después- sino la ceguera política de esa misma generación, que no supo adaptarse a los tiempos que se venían y procuró conservar sus privilegios, matando la gallina de los huevos de oro por quedarsela toda y no conducir un proceso político de asimilación d esas nuevas realidades.
El populismo es consecuencia de esa repetida torpeza y no la causa de nuestra decadencia. La macana es que el populismo es muy atractivo como herramienta de poder. Si a eso le suma ejercerlo durante épocas de muchas reservas o de precios internacionales generosos, ah, que picnic.
Ergo, ningun gobernante tiene estímulos para cambiar esta modalidad y eso el peronismo lo sabe mejor que nadie. La persistencia del populismo, lamentablemente ha permeado toda nuestra cultura social y política, de ahí que las indignaciones republicanas por el abuso de los mecanismos de Estado por parte de fracciones gobernantes, nunca pasan de anécdotas risueñas que ud. tan bien sabe explotar.
Y dejeme extenderme mas aún, en los ultimos 80 años todos, militares incluidos han sido tentados por el virus del populismo en forma de dolar barato, estimulo artificial al consumo y otros placebos similares.
No me opongo a la inclusión de las mayorías, ni la ampliación de derechos, ni nada de eso. Soy mas bien partidario de ir limando aquellas barreras que provocan fricciones innecesarias.
Ahora si toda esta ampliación de derechos no va acompañado de un esquema que transforme en perdurables esos logros, eso no va agenerar mas que nuevos resentimientos y será fuente de nuevos y peores conflictos.
Creo que deberíamos aprender de las burradas que se han cometido en este país y también de sus -pocos- éxitos.
Y en ambas categorias se inscribe este gobierno, insoportable por su manera confrontativa de hacer propaganda y como ud. lo define, moderadamente reformista. Un poco mas indecente, pero se que esto a ud. no le molesta.
En el fondo comete algunos errores similares a los de nuestros viejos conservadores, pero en el campo de la economía, adoptando un esquema no solo proteccionista sino de aislamiento técnico y comercial propio de los años 30.

Le agradezco su deferencia en contestarme esta continuación de mi dialogo con su joven entenado Matias Ricard Tapia Locascio (Robin). Gran estilo y excelente prosa, by the way, que le envidio no tan sanamente.

Un abrazo.